«Desde la antigüedad, el ser humano ha buscado comprender los misterios de la existencia, el origen de la vida y la naturaleza de su propia conciencia.

En la tradición de Memphis-Mizraim encontramos una expresión particular de esa búsqueda, en la que convergen el simbolismo egipcio, la filosofía hermética, las corrientes esotéricas y la tradición masónica.

Sus enseñanzas nos invitan a contemplar el templo como representación del universo y, al mismo tiempo, como imagen del propio ser humano.

El iniciado comienza entonces un trabajo que no consiste únicamente en acumular conocimientos, sino en transformar su manera de pensar, sentir y actuar.

La piedra que debe ser trabajada es su propia naturaleza; las herramientas son el estudio, la voluntad, la disciplina y la virtud; y la finalidad de la obra es alcanzar una mayor comprensión de sí mismo y de los principios que gobiernan la existencia.

Que el estudio de estos símbolos no nos conduzca solamente a conocer los misterios del pasado, sino también a descubrir las posibilidades de transformación que habitan en nuestro interior».